domingo, 3 de octubre de 2010

Tenia una postura firme, las manos en el volante y la música bien alta (como a mi me gusta) muy a su pesar. Se disponía como tantas noches a llevarme de vuelta a casa mientras yo canturreaba todas las canciones que sonaban. Y a mitad de camino desvío su mirada hacia a mi.

- ¿Quieres ponerte el cinturón? – de un modo totalmente imperativo y bastante serio, sin levantar el tono de voz y volviendo a fijar la vista en la carretera.

- Si, papi... – burlándome de él, de su edad y de su “regañina”, con mi habitual sonrisa.

- Tu papi no te hace las cosas que te hago yo. – volviendo a desviar la mirada para regalarme esa sonrisa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

mmmmmm...

es lo único que puedo decir imaginando las cosas que le hace él que no hace "su papi" ;)

Goibniu dijo...

Por todos es sabido que con una gallina vieja se hacen mejores sopas.
Un beso