Aún recuerdo perfectamente como aquella noche de verano te colaste en mi casa, de madurgada, descalza, como tanto odiaba de ti, y me empujaste contra el sofá echadote sobre mi, con arena en el pelo y apestando a alcohol. Sentada en mis rodillas, enganchada a mi cuello, dispuesta a dar todo de ti siendo una cría. Como me gustabas. Te repetí quinientas veces que te fueras de aquí, que estabas borracha y que debías dormir. Tantas como tu me preguntabas “¿es qué ya no me quieres?”, y me tocaba aguantarme las ganas de aprovecharme de ti.
Parecías tan segura de tus ideas cuando te aferrabas a la puerta intentado que te echara de allí y casi suplicando que lo volviésemos a intentar,¡Maldita sea! ¿Por qué me deje llevar? Me ha costado años conseguirte olvidar.
(Te agarraste de tal manera a mi cuello que ni yo me quería soltar de tu cintura)
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